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CHRISTOPHER LEE & PETER CUSHING Los Caballeros del Terror Británico de Juan Manuel Corral

Disponibilidad: En stock

Código: 978-84-96576-582
24,00 €

 


ISBN: 978-84-96576-582
494 páginas, 17 x 24 cms.
Encuadernado en Rústica.
148 fotografías en Blanco y Negro.

«Tenía cartas que me solicitaban una foto con Christopher Lee. Pensaban que vivíamos juntos en una cueva de Whistable». Estas jocosas palabras de Peter Cushing resumen el carácter convergente de dos carreras interpretativas cuyos puntos en común adquieren un mayor alcance que una simple coincidencia de caminos profesionales. 

Antes de alcanzar una suerte de culminación profesional con sus inolvidables interpretaciones en la saga de La guerra de las galaxias, donde encarnaron en distintos momentos de la serie al conde Dooko y al Gran Moff Tarkin, las carreras de Christopher Lee y Peter Cushing corrieron paralelas a través de la mágica historia de la productora británica Hammer, la fábrica prodigiosa del terror gótico de serie B. El autor Juan Manuel Corral escarba en la simbiótica andadura de estos dos clásicos del cine y la televisión británica, un sostenido encuentro de opuestos que arrancó a partir de del clásico "La maldición de Frankenstein". 

Al tiempo que recorre la historia dual de los dos intérpretes ingleses, puntuada por coincidencias sorprendentes (ambos fueron víctimas de quemaduras simultáneas en sendas películas de 1963, cojearon ante las cámaras al mismo tiempo, compartieron temporadas de inactividad y precariedad profesional...), Corral bucea en la fascinante historia de los tiempos dorados de la televisión inglesa, los años cincuenta y sesenta, de la que los dos actores forman parte inseparable, y del auge y caída de los estudios Hammer a través de multitud de entretenidas anécdotas que van ligadas a nombres mágicos de la historia del cine: Orson Welles y su tiranía perfeccionista, Ursula Andress y su peculiar método para animar la taquilla de "La diosa de fuego", Deborah Kerr y la fascinación que ejerció sobre el sobrio Peter Cushing y la animadversión que el director Jesús Franco sintió por Christopher Lee, uno de sus actores fetiche.